La Fascioterapia es la especialidad que permite acceder a cualquier estructura del cuerpo,  valorando sus planos según el componente anatómico y fisiológico, integrando las zonas en lesión para poder relacionarlas y simplificar el orden de tratamiento de mayor a menor resistencia, respetando las fases agudas o crónicas.

Cuando empecé en la terapia manual, inicié una búsqueda por las distintas técnicas que existían, tratando de encontrar una que me permitiera tener una valoración lo más global posible y existiese un hilo conductor, no solo en el diagnóstico sino en la aplicación.

Después de años realizando las distintas técnicas en consulta y en docencia, me di cuenta que unas se basaban en las articulaciones como la osteopatía, quiropraxia, espinología, y otras en el factor metabólico y drenatorio como el quiromasaje o propioceptivas y metabólicas como el masaje deportivo.

Procurando abarcar una mayor aplicación en las lesiones mecánicas y funcionales de los pacientes, fui descartando las que se quedaban en una aplicación local, que tenían solo un efecto de relajación, drenatorio y circulatorio, porque se aplicaban a nivel sintomático, sin restablecer la impotencia funcional local, ni de la palanca afectada. El conocimiento de integración anatómico era escaso, quedando estas terapias para aliviar y como apoyo a otros profesionales.

Me gustaría dejar claro que mi intención no es tirar por tierra ninguna de estas técnicas, que tienen su lugar dentro de las terapias manuales, pero no tienen una aplicación global o general del cuerpo.

Después de desarrollar y comparar el resto de terapias, que muchas veces decían cuando hablaban de ellas que eran holísticas o integrales, fui decantándome por la osteopatía, que tenía un estudio mecánico articular más amplio de columna vertebral, pelvis y extremidades.

Profundizando en el estudio tanto de la valoración como del tratamiento, la osteopatía se basaba en el diagnóstico articular, como alteraciones mecánicas, sin realizar el estudio local por planos, de las adherencias subcutáneas y pérdida de elasticidad del origen osteomuscular, que es donde se solicita la pérdida de elasticidad externa.

Tampoco integraban el plano afectado de los músculos de palanca larga, a nivel de pérdida de arcos de movilidad y adherencias de las aponeurosis de los vientres musculares, que marcan las zonas de sobrecarga en la articulación afectada, por lo que la valoración articular se compaginaba con el tejido blando de la zona, sin descartar la lesión de pérdida de movilidad o de compensación por contractura reaccional.

El tratamiento se dirigía a las articulaciones afectadas, sobre todo en la columna vertebral según los síntomas.

Ahora sé, que lo más adecuado es el tratamiento de los bloques por pérdida de elasticidad en la columna y no de los síntomas, que es lo que permite recuperar el ballesteo y la función a la columna, que generalmente no tiene relación con la raíz nerviosa afectada, donde suele estar el mecanismo de defensa muscular de los rotadores cortos, que inmovilizan las vértebras de sobrecarga articular apical.

En los textos de los libros de los autores de osteopatía, se hablaba del tejido conectivo como base de la lesión osteopática, y el diagnóstico y tratamiento se basaba en la articulación, efectuando un tratamiento de tejido blando de forma inespecífica local.

Si la base de una lesión es la pérdida de elasticidad (que crea una lesión mecánica), se producirá en el tejido conectivo, a nivel de la articulación (cápsula y ligamentos), a nivel subcutáneo, en los límites que se extienden en los músculos de palanca larga en origen e inserción, a nivel de las envolturas musculares (aponeurosis), de órganos y vísceras (peritoneo y pleuras) y las membranas que unen dichos órganos en las cavidades corporales.

Por lo expuesto, es lógico pensar que una técnica articular que se realice bruscamente, produce un mecanismo de defensa mayor y un cambio propioceptivo momentáneo en los músculos de lesión, sin ganar en elasticidad, ya que una lesión del tejido conectivo, sea de origen mecánico funcional de sobrecarga o de origen informativo reflejo, produce una retracción del tejido afectando a sus fibras (elastina, fibrina y colágeno).

La fibrosis (pérdida de elasticidad) no se pude elastificar si no es de forma lenta y progresiva, y si no se respetan los tejidos superficiales que ofrecen una mayor resistencia que los profundos. No se puede elastificar bruscamente, sin crear un mecanismo de defensa muscular.

La valoración se debe realizar por planos, tanto de lo superficial, musculoesqulético, membranas, superficies de deslizamiento en las cavidades y articulaciones, según la función anatómica de cada plano, para conocer el alcance de la lesión.

Recordamos que el tejido conectivo sirve de protección, mantiene la relación posicional, actúa de sostén y unión, interviene en la reparación, y el metabolismo celular en el medio extracelular, siendo el responsable del dolor cuando se solicita al tener receptores sensitivos.

Toda lesión del tejido conectivo (fibrosis) produce a nivel tisular una reducción de líquidos, afectando a la circulación celular, creando una isquemia que progresivamente va reduciendo los espacios intersticiales, disminuyendo la elastina y endureciendo el colágeno,

siendo las redes de fibrina las que aumentan afectando a su elasticidad, a su vascularización y drenaje. Esto hace que se produzca, a medio o largo plazo, procesos degenerativos (fibrosis, artrosis, necrosis), que al ser crónicos no se manifiestan con dolor hasta que no afectan a la función.

El tratamiento del tejido conectivo, en las zonas que previamente se han valorado en el cuerpo, nos permite efectuar los tratamientos adaptados a las necesidades de cada lesión, siendo en realidad una terapia preventiva en las fases crónicas, donde el proceso de lesión sigue su curso sin manifestaciones de dolor o síntomas funcionales.

Otro de los factores que me hizo estudiar la valoración en profundidad del tejido conectivo, es la carencia de relaciones anatómicas que se pudieran seguir a través del tejido. Al hacer la evaluación de un paciente no sabia como continuar, quedando lagunas que me impedían efectuar un tratamiento completo a nivel de la unidad corporal, por lo que seguí las zonas ya diagnosticadas a nivel local, previa integración, para diferenciar los problemas reflejos de los de palanca a nivel mecánico funcional.

Opté por efectuar la valoración en dos planos básicos, el primero en supino, desde los pies hasta la zona cervical, valorando el movimiento pasivo, centrándome en las zonas de paso afectadas, e integrando la pérdida de elasticidad y las adherencias del tejido subcutáneo y muscular, incluida la valoración parietal, abdominal y torácica, así como de las membranas que unen los órganos de las cavidades.

Por último, en prono realicé la misma operación en el plano posterior, desde los pies hasta la zona cervical, valorando el movimiento pasivo que no se ha podido en supino, sobre todo en la columna vertebral, integrando por planos los límites de afectación subcutánea y de adherencias en las aponeurosis musculares y su pérdida de elasticidad. Con esto se completa el diagnóstico global del cuerpo desde el interrogatorio hasta la valoración en la camilla, para poder sintetizar el tratamiento.

La relación se efectúa en dos direcciones de lesión mecánica que podemos diferenciar. Una es la refleja informativa, desde la zona diana hasta la raíz, integrando la afectación de planos en el recorrido del dermatoma. Otra es a nivel mecánico articular, según las palancas afectadas, su implicación con el sistema de compensación pélvico o escapular, y la afectación de la columna vertebral como soporte corporal, integrando previamente los planos de lesión de las zonas de paso afectadas.

Con la valoración global de los tejidos según su función por planos, podemos sintetizar un tratamiento, sin perder tiempo evitando así las técnicas y aplicaciones inespecíficas.

Para terminar con el apartado de tratamiento, la afectación de los planos musculares se trabajan en primer lugar, para evitar la tensión del tejido subcutáneo y la tensión en la inserción ósea. Al quedar la zona más flexible, se trabaja con menos tensión los límites de pérdida de elasticidad subcutánea. En último lugar se actúa sobre las zonas articulares de pérdida de elasticidad a nivel profundo, o membranas que unen los órganos de las cavidades y sus adherencias.

La diferencia con otras terapias a nivel articular profundo en cuanto a la elastificación, radica en la utilización de las palancas o presiones directas, siguiendo una dirección de descoaptación longitudinal en todo el aparato musculoesquelético, en posición neutra, de forma pasiva (lenta y progresiva).

En las cavidades, previo tratamiento parietal, se elastifican las membranas de lo más superficial a lo más profundo, y en último lugar, las adherencias locales relacionadas, para evitar la resistencia al desplazamiento de las mismas.

Creo que a buen entendedor, pocas palabras bastan para diferenciar el tratamiento expuesto con otras terapias manuales, en cuanto a su integración, globalidad y lo más importante, evitar las respuestas de defensa indeseables cuando se aplican manipulaciones bruscas.

Esta exposición, va más dirigida a una toma de conciencia de los terapeutas, que como yo, en su día, fueron buscando información en cursillos y conferencias que siempre se quedaban cortas a la hora de aplicar y de obtener resultados, careciendo el profesional de confianza en el trabajo realizado y manteniendo una frustración en cuanto a la seguridad del diagnóstico y tratamiento, existiendo dudas de la mejoría y evolución cuando sale el paciente de consulta.

La confianza te la da la integración y relación para poder sintetizar en el conjunto corporal las zonas de lesión afectadas, respetando las fases agudas o crónicas que te marcan los procesos de recuperación.

Para no extenderme, aunque me gustaría profundizar aún más en el apartado anatómico, fisiológico y funcional de valoración, ya que siempre te parece que quedan cosas en el tintero, paso a explicar que es la Fascioterapia en un pequeño resumen.

Principios de Fascioterapia

La Fascioterapia nace de la carencia que existe en las terapias manuales, de tratamientos corporales globales. Se utilizan como herramienta las manos para adaptarse a los distintos planos, y no técnicas que a veces son difíciles de aplicar y son más empíricas que efectivas.

Partiendo de la pérdida de elasticidad del tejido conectivo como lesión mecánica, la Fascioterapia valora el cuerpo en su conjunto. Integra las partes anatómicas locales de planos de tejido afectado, diferenciando la lesión mecánica funcional de la refleja, así como los estados agudos o crónicos, y los mecanismos de defensa (contractura reaccional).

Cuando se ha realizado el estudio local de las zonas lesionadas, se relaciona mecánicamente con la palanca o extremidad y su sistema de compensación, así como la implicación vertebral correspondiente.

A nivel reflejo se revisa la columna en la zona de pérdida de elasticidad y raíces afectadas, previa valoración de la zona local de afectación.

En las cavidades (torácica o abdominal) se descarta el problema local o reflejo, para integrarlo en las zonas locales del estudio del aparato musculoesquelético.

Podemos decir, que la Fascioterapia es el estudio, valoración y tratamiento del tejido conectivo en su globalidad, aplicado al cuerpo como unidad funcional, adaptándose por planos a sus condiciones anatómicas y fisiológicas para eliminar las adherencias y la pérdida de elasticidad, con la consiguiente mejoría de la circulación tisular y metabolismo celular además de recuperar la movilidad.

Poniendo unos ejemplos; en el aparato musculoesquelético, si valoramos el movimiento pasivo de una articulación, podemos saber si permite la holgura fisiológica de adaptación, de no ser así, nos confirma el lado de presión articular y la pérdida de elasticidad de la cápsula y ligamentos locales. Si seguimos los músculos de palanca larga de inserción a origen de la parte afectada, podemos comprobar su alteración en arcos de movilidad y planos de adherencia de la zona subcutánea, hasta llegar al sistema de compensación en la unión articular con esa palanca, y su solicitación con la columna vertebral, comprobando la lesión mecánica de las articulaciones de paso. En caso de no existir pérdida de elasticidad, podemos seguir la parte informativa refleja, desde la zona diana (lesión) hasta su raíz vertebral, valorando por planos las zonas implicadas de pérdida de elasticidad.

Diferenciándose las lesiones mecánicas de las informativas, y en dependencia de la fase aguda o crónica, se sigue un orden de tratamiento.

En el caso de las crónicas, se va a tratar de lo más resistente a lo menos, y de lo superficial a lo profundo, sin utilizar técnicas. Con la aplicación directa de la mano elastificamos los planos subcutáneos, musculares y adherencias profundas. Con la palanca en la dirección a la solicitación ligamentosa y capsular, trabajamos la articulación, con un apoyo directo a nivel epifisario, para evitar los mecanismos de defensa en la musculatura antagónica.

En las agudas se trabaja periféricamente para evitar el dolor y la reacción.

A nivel de la cavidad abdominal y torácica, se valoran las fascias parietales comprobando las adherencias e implicación de los órganos, y como afectan a la estructura que las sujeta como si fuera una percha. Se comprueba también la elasticidad de las membranas que unen los órganos del peritoneo, marcando previa integración por planos, el orden de tratamiento igual que en la estructura, trabajando en primer lugar la columna y después la parte visceral.

A nivel cerebroespinal, se utiliza la valoración de sus palancas óseas, basándose en el impulso rítmico craneal, para comprobar la pérdida de elasticidad de sus cubiertas, diafragmas y suturas, restableciendo las lesiones de lo más a lo menos resistente.

La Fascioterapia tiene un hilo conductor que permite el tratamiento global del cuerpo, utilizando como herramienta las manos y el conocimiento anatómico por planos del tejido conectivo, previa integración y relación a nivel mecánico y reflejo, para sintetizar la zona corporal afectada y así centrarnos en las lesiones y poder marcar su orden adaptándonos de forma personalizada.

No nos olvidemos, que las lesiones de pérdida de movilidad afectan al tejido conectivo en primer lugar, implicando a las superficies de deslizamiento y la elasticidad de su sistema suspensor, así como el de protección externo a nivel de piel.

La dificultad que encuentra un especialista en la terapia manual, es  sintetizar las zonas afectadas, para poder dirigirse por planos de forma individual, sin perder tiempo, y estando seguro del orden a seguir.

Esto se consigue con la integración local del sistema a valorar, sea el aparato musculoesquelético, el sistema visceral o cerebroespinal, así como la relación de dichos sistemas, como lesión mecánica o refleja. Con ello se unen las piezas que van a marcar la unidad, diferenciando las lesiones como pérdida de elasticidad y las compensaciones como contracturas permanentes en las articulaciones o los órganos (musculatura estriada o lisa), que son antagónicas a la lesión (pérdida de elasticidad).

El tratamiento va dirigido a la zona afectada adaptándose a la fase aguda o crónica, con el tejido que ha marcado la integración y relación, el tejido conectivo o fascias.

Las Fascias unen las distintas zonas del organismo, pero no tienen la misma función, unas son de protección, otras de relación posicional, otras de sostén o suspensión, etc, por lo que el profesional tiene que conocer muy bien su fisiología y la biomecánica para poder adaptarse a los distintos planos.

Medina Ortega
Director Centro Gaia
www.escuela-gaia.com